El 25 de noviembre de 1547 se presentaron en la sesión del Concejo don Bernardino del Águila, que en esos momentos era aún coadjutor del deán; don Juan de Guzmán; don Rodrigo de Chaves y el licenciado Láinez, famoso médico. Allí manifestaron que habían pensado hacer en Ciudad Rodrigo un hospital para pobres y enfermos contagiosos. La primera intención había sido hacerlo en el llamado Pozo del Guerrero, hoy conocido como Campo del Pozo. Sin embargo, creían que podría ser perjudicial que dicho hospital estuviese dentro de las murallas, por lo que sería mejor hacello salido de la puerta del Sol, donde estaba un cimenterio [1] onde antiguamente solía estar un monasterio de Santo Domingo el Viejo [2] el dixho monesterio le había dado, y que habiendo allí un poco de suelo que solía ser de muradal, lo pedían.
[1] Se referían a la necrópolis descubierta en 1992 junto a la puerta de San Pelayo, de la que ya existe un artículo en este blog.
[2] En 1925, época en que Hernández Vegas hizo publica esta información, parece ser que aún se conservaban restos de este desaparecido convento de Santo Domingo el Viejo, "en el camino que va a las Vistillas".
[3] HERNÁNDEZ VEGAS, Mateo: Ciudad Rodrigo. La Catedral y la Ciudad, Tomo II, 1935, p.83
[4] La iglesia de San Justo y Pastor, que estuvo ubicada en la parte izquierda según se sale de la Puerta del Conde. Fue derruida en el siglo XIV y sobre sus ruinas se construyó la parroquia del Espíritu Santo, también desaparecida, fue destruida en el siglo XVII.
[5] "Ordenanzas de la Cofradia del Hospital de la Pasión de Ciudad Rodrigo", Revista Española de Derecho Canónico, Núm. 72, 7 de diciembre de 2015. p. 477.
Parece ser que la solicitud les fue concedida en el acto y enseguida se comenzó a amojonar el terreno. Francisco de Castillejo, hijo de Pedro de Castillejo y cuñado de Juan Pacheco, que fue regidor desde 1547 hasta 1562, formó parte de la comisión encargada del amojonamiento [3]. Sin embargo, los ilustres fundadores cambiaron de parecer cinco meses después. El 20 de abril del año siguiente comunican al Concejo que a pesar de haber solicitado el lugar ubicado entre la puerta del Sol y el postigo de San Pelayo para la construcción del hospital, habían pensado después que es mejor el sitio junto a la iglesia de "Santyguste" - San Justo y Pastor [4] - que estaba a extramuros, según se sale a la izquierda de la puerta del Conde. Creían que este lugar era más apropiado, pues además de tener una iglesia cerca ya hecha, en sus inmediaciones se encontraba la fuente de los Caños, lo que convertía este lugar en un sitio más sano. Además en esa zona existía un pedazo de cortina que pertenecía a la ciudad, el cual solicitaban para construir allí el hospital. Nuevamente les fueron concedidos sus deseos y acto seguido se puso un mojón para delimitar el lugar: Frontero a la casa de Ugo de Jaque quedando para la calle 13 varas y media - casi 11 metros -, y desde él a la cortina de Pin.º que está en la calle que viene de Sant andrés 10 varas y media.
Allí se construyó finalmente el hospital de la Piedad. En él, además del enterramiento de los presos y ajusticiados [5], se trataba a enfermos infecciosos que no eran admitidos en el Hospital de la Pasión y se curaba a quienes padecían bubas y demás enfermedades sifilíticas [6]. Al parecer, según algunos informes, había mucha sífilis en Ciudad Rodrigo en aquel momento. Parece ser que este hospital fue objeto de continuas quejas y reclamaciones por parte tanto de las autoridades como de los vecinos. Según las certificaciones de los médicos de la época, hubo momentos en que por falta de precauciones, todos los vecinos de Ciudad Rodrigo estaban inficionados de los males que en él se curaban [7].
Al igual que la mayoría de hospitales de esta época se mantenía gracias a la caridad y estaba atendido y regentado por su propia cofradía. En esa época, el Cabildo, por sus estatutos y donaciones de personas principales de la ciudad tenía la obligación de dar cuantiosas limosnas, algunas destinadas exclusivamente a pobres envergonzantes, sobre todo en las Pascuas de Navidad, Resurrección y Espíritu Santo [8]. Algunos nobles, en una última muestra de caridad que podía asegurarles la vida eterna, dejaban a estos hospitales como herederos de parte de sus bienes o beneficiarios de alguna limosna anual. Don Antonio del Águila, quien fue deán de Ciudad Rodrigo y formó parte del Consejo del rey, cuando falleció en 1560 dejó al Hospital de la Piedad una Obra Pía de más de 6.000 ducados para dotar doncellas huérfanas y ayudar a pobres vergonzantes [9].
Debido al gran número de hospitales asistenciales, así como a las malas condiciones que estos tenían, fue muy común en España durante los siglos XVI y XVII que unos fuesen absorbidos por otros o simplemente desapareciesen, teniendo lugar una considerable reducción hospitalaria. El 27 de septiembre de 1563 el hospital de la Piedad fue incorporado al de la Pasión, asumiendo este último las funciones del primero.
En 1706, con la guerra de Sucesión y la ocupación del enemigo, la ciudad quedó tan destruida y arruinada que tuvieron que ser demolidas más de 630 casas, unas por el fuego y bombardeo y otras por orden real, para reedificar las fortificaciones, crear un terraplén interior para el manejo de la artillería y construir los fosos, que hasta ese momento no existían. El arrabal de san Francisco fue totalmente destruido, en él además del Hospital de la Piedad, quedaron arruinadas cuatro parroquias, dos conventos de monjas y las ermitas de san Miguel y San Lázaro [10]. Según Mateo Hernández Vegas, en su época, aún se conservaban algunos restos de este hospital de la Piedad en el glacis.
Durante la guerra de la Independencia, debido al alto número de enfermos y heridos y la escasez de hospitales fue necesario recurrir a otras instalaciones para tratar a los enfermos, entre las que destaca el convento de San Francisco. Benito Pérez Galdós escribió: Yo me encontraba dentro de Ciudad Rodrigo cuando la asaltó el lord en enero de este mismo año. Hallábame sirviendo en el hospital, cuando comenzó el cerco, y entonces otros buenos padres y yo salimos a asistir a los muchos heridos franceses que caían en la muralla. Yo estaba aterrado, pues nunca había visto mortandad semejante, e invocaba sin cesar a la divina Madre de Nuestro Señor para que por su intersección se amansase la furia de los anglo-portugueses. El día 18 el arrabal, donde yo estaba, diome idea de cómo es el infierno. Deshacíase en mil pedazos el convento de San Francisco, donde íbamos colocando a los heridos...[11].
[1] Se referían a la necrópolis descubierta en 1992 junto a la puerta de San Pelayo, de la que ya existe un artículo en este blog.
[2] En 1925, época en que Hernández Vegas hizo publica esta información, parece ser que aún se conservaban restos de este desaparecido convento de Santo Domingo el Viejo, "en el camino que va a las Vistillas".
[3] HERNÁNDEZ VEGAS, Mateo: Ciudad Rodrigo. La Catedral y la Ciudad, Tomo II, 1935, p.83
[4] La iglesia de San Justo y Pastor, que estuvo ubicada en la parte izquierda según se sale de la Puerta del Conde. Fue derruida en el siglo XIV y sobre sus ruinas se construyó la parroquia del Espíritu Santo, también desaparecida, fue destruida en el siglo XVII.
[5] "Ordenanzas de la Cofradia del Hospital de la Pasión de Ciudad Rodrigo", Revista Española de Derecho Canónico, Núm. 72, 7 de diciembre de 2015. p. 477.
[6] SÁNCHEZ CABAÑAS, Antonio: Historia de la M. N. y M. L. ciudad de Ciudad Rodrigo, 1861, p.97
[7] HERNÁNDEZ VEGAS, Mateo: Semanario Miróbriga, Núm. 152, 22 de febrero de 1925, pp. 3-4
[8] HERNÁNDEZ VEGAS, Mateo: "Capítulos para un libro en preparación", Miróbriga, Núm 618, 27 de mayo de 1934, p.1
[9] SALAZAR Y ACHA, Mª Paz: Un conflicto sobre limpieza de sangre en el Ciudad Rodrigo del siglo XVII: Don Pedro de Salamanca y Valderas, p. 181
[10] HERNÁNDEZ VEGAS, Mateo: Ciudad Rodrigo. La Catedral y la Ciudad, Tomo II, 1935, p.234.
[7] HERNÁNDEZ VEGAS, Mateo: Semanario Miróbriga, Núm. 152, 22 de febrero de 1925, pp. 3-4
[8] HERNÁNDEZ VEGAS, Mateo: "Capítulos para un libro en preparación", Miróbriga, Núm 618, 27 de mayo de 1934, p.1
[9] SALAZAR Y ACHA, Mª Paz: Un conflicto sobre limpieza de sangre en el Ciudad Rodrigo del siglo XVII: Don Pedro de Salamanca y Valderas, p. 181
[10] HERNÁNDEZ VEGAS, Mateo: Ciudad Rodrigo. La Catedral y la Ciudad, Tomo II, 1935, p.234.
[11] PÉREZ GALDÓS, Benito: La batalla de Arapiles, 1971, pp. 1065-1066.

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